¿El cliente siempre tiene la razón? Sí, menos cuando no la tiene.

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cliente

El cliente siempre tiene la razón menos cuando no la tiene que es más a menudo de lo que el cliente piensa.

Tiene el cliente siempre la razón. El cliente es un Dios.

El cliente siempre tiene la razón fue una frase creada en 1909 por el fundador de unos grandes almacenes londinenses. Estos almacenes iban dirigidos a un determinado público de alto poder adquisitivo en la muy clasista sociedad de principio de siglo de Londres. En esos momentos, un dependiente de estos exclusivos almacenes estaba en la escala social muy por debajo de su distinguida clientela. Por lo cual era impensable que ningún «tendero» llevara la contraria a un cliente.

El viejo dicho inglés sigue vigente en la mente de muchos clientes hoy en día. Cualquier persona que haya trabajado de cara al público habrá tenido que aguantar en algún momento que un cliente maleducado le haya recordado esta máxima. Sin embargo, hay muchas veces que el cliente no tiene la razón, muchas más veces de las que el cliente cree y por más insista no tendrá la razón. Y la situación jerárquica superior del cliente ya no tiene sentido hoy en día.

El cliente es el que entra en tu casa. El que demanda un servicio, el que tiene una necesidad.

Los clientes son aquellas personas que entran en nuestros negocios por qué tienen una necesidad, por qué demandan un servicio o por qué requieren de algún objeto. En tu mano está el que sus expectativas se cumplan o no. Realmente siempre el poder está al otro lado del mostrador. Si la persona que nos atiende tiene a bien satisfacer nuestra necesidad nos iremos contentos pero si no sabemos mantener un clima de cordialidad sin duda nuestras expectativas se verán perjudicadas.

No cabe duda que el dueño del negocio o trabajador pondrá de su parte para cubrir nuestras necesidades y que nosotros como clientes le generemos una ganancia pero no hay dinero que compense una falta de educación.

Los reyes en la atención al cliente son sin duda los japoneses. El cliente es Dios.

De hecho los japoneses llevan más allá esta dicho. Ellos lo resumen en «okyakusama wa kamisama desu» traducido puede ser algo como «el cliente es Dios». De hecho, es mundialmente conocida la excelencia del servicio de atención japonés.

Por el contrario, los japoneses como clientes con mucho más exigentes que otros ciudadanos del mundo. Por ejemplo, más de la mitad de los japoneses no volverían a un local si se sienten mal atendidos. En España por ejemplo sólo tres de cada diez no darían una segunda oportunidad.

el cliente es dios

¿Qué tipo de clientes existen en el maravilloso mundo de la atención al público?

Hay muchos tipos de clientes, debemos reconocer que la mayoría son educados y amables. Son esos clientes que nos alegran el día con su visita (siempre que no sea muy habitual) pero frente a estos clientes están aquellos otros que desde que entran por la puerta ya la están jo.d.endo. Son los clientes «brasas» , los clientes intensos, lo que hoy me he levantado amargado y voy a amargar al resto. Los cliente co.azo con todas sus letras y esos por más que insistan casi nunca tienen la razón.

¿Qué hacemos con un cliente tóxico? Los clientes tóxicos son como los amigos tóxicos, como los amantes tóxicos hay que abrirles las puertas y enseñarles el camino de la calle. La energía que nos roban no merece la pena el esfuerzo pues además crean en el negocio un clima de crispación que en los peores de los casos tardará horas en desparecer.

Todos los que hemos trabajado en atención al público hemos conocido clientes tóxicos. De hecho, normalmente hemos lidiado con ellos a diario. Es más me atrevería a decir que después de la pandemia aún nos hemos hecho más tóxicos, menos humanos.

Ser mal educado está de moda.

Parece ser que se mal educado está de moda. Los tiempos en los que los abuelos se ponían el sombrero y el abrigo para ir al banco han dejado lugar a la que se pone el moño y presume que en jarras y a gritos la atienden mejor.

No hay nómina que en ninguno de sus apartados recoja la necesidad de aguantar a estos personajes. Tampoco ha y nómina que recoja que tengamos que estar día sí y dia también enseñando educación y urbanidad.

¿Sigue existiendo la palabra urbanidad? La urbanidad en el día a día sigue siendo una necesidad. Dar los buenos días cuando se entra en algún establecimiento, escuchar y dejar hablar al interlocutor, no usar palabras mal sonantes ni elevar el tono. Dar las gracias cuando se recibe algo, despedirse cuando uno se va. En fin, una serie de conductas que parece que no sería necesario recordar y sin embargo, hoy en día parece algo olvidado y lo que es peor antiguo. ¿Es antiguo dar los buenos días cuando se entra en un establecimiento?

el cliente siempre tiene la razón

La educación y el saber estar debe ser siempre nuestra tarjeta de presentación sin importar el lado del mostrador.

De bien nacido es ser agradecido.

Para los que trabajamos en organismos públicos o empresas de servicios esenciales por ejemplo supermercados, farmacias o bancos la educación de los clientes prácticamente ha desparecido. En la puerta de un centro de salud estatal he oído yo con mis oídos la frase tan famosa ahora «eso te pones el moño y te lías a dar voces y ya verás como te atienden» «es que ahora como no venga una así ni caso».

Al día siguiente en el banco uno le aconsejaba a otro que se saltará los turnos de cita, que lo mejor era ponerse hecho un basilisco y pedir a gritos la hoja de reclamaciones. no entendí bien a quién pensaba gritar si al gestor, si al cajero o al vacío en mitad de la oficina.

Sea como sea estas actitudes crean un clima violento no sólo a los trabajadores si no también a los clientes que han cumplido con sus turnos y sus modos. ¿Qué enseñanza le damos a ese cliente que respeta su turno y que nos habla educadamente si atendemos antes a un cliente maleducado?

Gracias a Dios, en ambos establecimientos había un guardia de seguridad no me quiero ni imaginar lo que tendrán que aguantar los dueños de los pequeños establecimientos.

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