Cita previa en los bancos. ¿Por qué?

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Hoy al abrir ya había más de diez personas en la cola. Sólo uno tenía cita previa, dos venían a la ventanilla que va con número y los demás entran en el patio de operaciones. A esta hora 8.30 estamos en la oficina: un director, un gestor y un cajero y once clientes.

Llamo por su nombre al cliente de la cita y aviso a los demás: perdonen en las mesas vamos por cita.

Con el paso de los meses he aprendido a no preguntar ¿si puedo ayudar en algo? pues de hacerlo inmediatamente se acercan seis o siete cliente y pretenden recibir atención personal inmediata y sin cita.

La escena se repite cada día: «Pues yo no me voy sin que me atiendan» «Yo tampoco me voy, a ver cómo lo hacen» . Yo ya hago oídos sordos es una técnica que tengo perfeccionada a base de meses y días. De hecho consigo evadirme de tal forma que ya no oigo el ruido de protestas que se va formando. Sólo así es posible sobrevivir en una oficina donde de seis nos hemos quedado en tres.

La importancia de la cita previa en los bancos.

Atiendo a mi cita sin prestar atención al barullo que se va formando en el patio de operaciones. El director está en una de las tres reuniones online que tiene al cabo del día. La llaman «morning» antes era » good morning» pero cómo esta claro que lo de «good» parecía cachondeo ahora es sólo «la mornin».

El cliente que tengo en mesa viene a informarse de una hipoteca. Va a ser una cita larga, de hecho hasta las 9.30 no tengo la próxima pues ya me había indicado cual era el motivo de su visita.

Hoy ya ni siquiera me levanto a decirle a los clientes que se van arremolinando que vamos por cita y que a no ser que falte alguna cita no les voy a poder atender. Antes lo hacía, me armaba de valor y con mi mejor sonrisa les explicaba que tenía toda la mañana con citas y que era imposible atenderles sin cita.

La oficina está llena de carteles que así lo avisan en negrita, en mayúscula y hasta en colores. Da igual. Cada día se repite la misma historia , sólo el compañero de caja lo va recordando de vez en cuando «para las mesas es necesario cita». Actualmente es la mesa pero ya es la costumbre. Antes éramos tres mesas y nos quejábamos.

cita previa

Al rato se nota el nerviosismo en la oficina. Algunos se han ido pero han llegado otros que preguntan «¿el último para la mesa?» y se van dando la vez. A pesar de mi perfecto entrenamiento para hacer oídos sordos no puedo evitar oír y ver lo que va pasando mientras atiendo al cliente citado.

El director ha terminado la «morning» ahora tendré que pasar para ver que le han dicho aunque la mayoría de las veces es siempre lo mismo. Tengo un hueco tras esta cita para desayunar y hablar del plan del día. A ver si hoy lo puedo cumplir.

Los objetivos diarios en banca.

Al final he acabado un poco antes con el cliente citado y me levanto rápidamente para ir al despacho. Si me entretengo, si me paro un minuto de más a despedirme, si intento ordenar los papeles de la mesa alguno de los que esperan decidirá que ha llegado su turno y ya no me podré levantar.

Así que casi de un salto me despido de mi cliente y me acerco al despacho. «¿Qué tal la «morning»?» «Hoy hay que hacer dos seguros y una tarjeta de crédito, siéntate que te explico»

Y ahí estoy yo sentado y escuchando el plan del día. Ese plan que idea alguien en un despacho donde piensa que nosotros sólo nos dedicamos a nuestros clientes citados y cada cliente es una oportunidad de negocio. A esos los querría ver yo un par de días en una oficina, en cualquiera, cualquiera le valdría. Se iba a hartar de oportunidades de negocio.

Vuelvo a la mesa y ni me siento; tengo seis citas después y si pierdo estos veinte minutos ya no podré salir en el resto de la mañana. Con toda la dignidad posible salgo por la puerta, atrás oigo voces, me parece que soy el delantero del partido rival, sólo falta que me abucheen.

Ya no voy a desayunar al bar de enfrente, ni siquiera al de al lado ahora tengo que desplazarme más lejos de la oficina pues si no me veo obligado a tratar temas bancarios entre buche y buche del café. Poco a poco voy aprendiendo, es norma de supervivencia.

estres en la banca

La cita previa es imprescindible en los bancos.

Cuando vuelvo parece que la oficina se ha quedado más tranquila. Mi compañero de caja me pasa cuatro papeles distintos con temas para resolver. Al parecer algunos de los clientes que esperaban han decidido pedir cita. Luego los llamaré y se la daré pero tendrá que ser para la semana próxima, a ver cómo se lo toman. Quizás sea mejor enviarle un sms directamente; antes los llamaba personalmente pero ahora prefiero enviarle un sms.

Abro mi calendario y veo que ya la siguiente cita me está esperando, es un matrimonio mayor. Los llamo por su nombre y se sientan. Al parecer según me comenta el caballero le habían preguntado detrás de quién iba, él indicó que tenía cita y le dijeron que no, que estaban dando la vez. !Caos! De todas formas, al llamarlos vienen y como un correcaminos le adelanta por la derecha otra señora de mediana edad.

-¡Muchacho! ¡Muchacho! me tocaba a mi.

Miro a mi alrededor, no hay nadie. ¿A quién llama muchacho? El caballero que tengo delante hace tiempo superó los setenta así que dado que no hay nadie más alrededor me lo está diciendo a mi. ¡Muchacho! Sólo por eso ya merece que le responda que ya más cerca de los 50 que de los 40 hay que agradecer que a uno le digan «muchacho».

-Lo siento señorita (piropo por piropo), vamos por cita y el caballero la tenía ahora a las 10.00.

-Es que lo mío es muy urgente y lo tengo que arreglar hoy.

-Vaya a la ventanilla a ver si le pudieran ayudar y si no que le tomen nota para que darle cita.

Oigo que la señora sigue hablando más bien protestando pero yo ya me dirijo a mi cita actual y les pregunto en qué les puedo ayudar. He aprendido a no seguir las conversaciones en bucle. He dado mi información y mi interlocutor la ha recibido, algunos me llaman borde.

La compañía de las mesas vacías.

Al rato, oigo un chisteo y alguien que se acerca. «Pssss, pssss» sigue haciendo, entiendo que llama a algún gato que se ha colado en la oficina pero no, parece que se dirige a mi.

Finalmente, me habla con voz elevada, cualquiera diría que gritando, «¿y tus compañeros no vienen hoy?» Estoy tentado de no contestar, no parece que cumpla las mas básicas reglas de educación: básicamente no interrumpir una conversación.

Pero cómo me pregunta otra vez, levanto la cabeza y le contesto:

Sí, estamos hoy todos. Todavía no hay nadie de vacaciones.

-Entonces ¿las otras mesas? ¿están vacías?

-Sí.

Los ERES en los bancos.

Podría contestar muchas cosas, podría explicar que son compañeros que viendo el reloj mareado se apuntaron a un ere «voluntario» y que por supuesto la entidad no piensa cubrir esos puestos. Son puestos amortizados.

En la oficina éramos seis ahora somos tres y todavía somos afortunados pues el puesto de caja lo tenemos cubierto por un compañero de plantilla a jornada completa.

Podría recordarle aquellas manifestaciones que hicimos que fueron tan poco apoyadas «cosas de pijos» «que se j.dan» pues sí señores esas manifestaciones eran para no vernos como nos vemos ahora con oficinas cerradas y las que quedamos saturadas por qué entonces nos manifestamos por los que se iban, por qué se fueran por buenas condiciones pero teníamos que habernos manifestado por los que nos quedamos que somos los que realmente estamos sufriendo los efectos del ERE.

El ERE no fue para los que se fueron que se fueron bien, contentos, voluntarios, el Ere perjudicó a los que nos hemos quedado haciendo malabares y criticados, vapuleados, estresados y pensando ya en el próximo ere, si es que llegamos vivos que lo de sanos ya casi lo dudo.

En las oficinas estamos sobreviviendo cada día, mal vistos socialmente, atacados por los clientes, a veces hasta insultados y con exigencias de los jefes. Donde éramos seis ahora somo tres y dónde había diez oficinas apenas quedan cinco. Y nos siguen preguntado ¿Por qué es necesaria la cita previa?.

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